Te lo doy, es mi amor.
Tiene fecha de caducidad, pero está tapada. No nos interesa a ninguno de los dos saber cuándo acaba.
Fue de mutuo acuerdo. Aunque a decir verdad, no me acuerdo haber llegado a un acuerdo (valga la redundancia).
Hasta que llegado un día, lo destapo, se lo enseño y le digo lo de: no es por ti… es por mí.
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