viernes, 29 de octubre de 2010

Dios le da pan a quien no tiene dientes.

El otro día oí por casualidad una conversación en la que, dos individuos pulcramente vestidos, se reían jocosamente por la anécdota contada por uno de ellos.
Básicamente, el primero de ellos el de la anécdota, contaba lo que había obtenido y sobretodo cómo lo había conseguido.
El otro, que claramente era su lameculos, reía cuando había que reír y callaba cuando había que callar.

La pregunta es: ¿Y cómo había conseguido lo que obtuvo? Ésto es en realidad lo que me llevó hacia el refrán popular.

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